Mientras veo los Oscar aprovecho para hacer algo más interesante como putear. Sí, claro que con M. hicimos lo que corresponde y vimos las nominadas a mejor película (aunque ni una de las extranjeras). De Red social creo que me voy a permitir no hablar porque me quedé dormido a la mitad y no pienso volver a cargarla en
Cuevana para terminar de verla. Es la confirmación rotunda de que
me cago en el ritmo de las películas: esa película solo tiene ritmo y sin embargo me quedé dormido, cosa que, M. podrá defenderme, sucede en el 0,05% de las veces que miro una película. Creo que
Rapado me cautivó más, y con eso digo todo. De
Toy Story 3 puedo arrimar el bochín para decir que la pasé bien, y la habría pasado mejor si no hubiera estado toda la película pensando que no tenía ningún sentido estarla viendo en 3D y que me podría haber ahorrado un buen mango para gastármelo en algo más constructivo, como drogas o algo así.
A algunas les pensaba dedicar un post aparte (pero no creo que lo haga). Por ejemplo diciendo que no podré jamás simpatizar con el Imperio aunque haya allí un tarado de príncipe que tartamudea, que nunca hubiera visto una película como
127 horas si no fuera una película de Danny Boyle donde uno espera pasarla bien aunque todo sea bastante un bajón, y sobre todo escuchar buena música. Aronofsky volvió a deprimirme y hacerme sentir una mierda, aunque
Black Swan es claramente más aburrida que cualquiera de sus hits. Y sobre todo que los Coen siguen haciendo cosas que me caben, no sé bien por qué, y sin ningún fanatismo, pero filman con gran astucia y logran hacer divertido hasta lo más melodramático.
Pero, ¡Oh, surrender! este es un buen momento de aburrimiento para descargarme contra la película que ya imagino tiene muchas chances de ganar y que me colgué de putear en su momento después de verla bajoneando unos pochoclos. Es decir,
El origen, esa película salvajemente torpe, que tropieza con sí misma y ni siquiera es capaz de regalarnos la perfección cuadrada del cine yanqui. Ni hablemos de la brillante carrera de Christopher Nolan (?), aunque sinceramente me conmueve que el guión sea solo suyo.
La clave del éxito
Lo que parece más que evidente es que el éxito que tuvo El origen se debe al mordaz acostumbramiento a una propuesta clásica que la industria cinematográfica de alto impacto pone delante de nuestros pochoclos una y otra vez: la vuelta de tuerca. Dejando de lado los torrentes de publicidad y prensa que lógicamente nos llevan a todos al cine, es una película que cree que todo se mide por la potencia del “¡OH!”. Es como si no hubieran entendido nada de
Lost o como si se pudiera repetir
Memento, y
Sexto sentido fuera una OBRA superior a imitar, cuando la posta es que son todas un policial más, o algo de eso. Claro que el problema no es la vuelta de tuerca, recurso más clásico que la mierda, puro clasicismo cinematográfico, sino que la película crea que eso es lo único, de una forma un tanto metafísica, o con una trucha metafísica de la forma. A veces hollywood no va por ahí y entonces hacen ese cine indie chorongo, pero ese es otro tema.
Es realmente conmovedor el hecho de que sea historia y guión escritos por Nolan, a quien le pertenece el guión de
El gran truco -basado en la novela de Christopher Priest-, el de
Memento y los de Batman un poquito pero no tanto. Pero esta, Oh, esta es toda tuya, Chris.
Hablando de guiones
Me voy a desviar un segundo, porque tanta fatalidad me hace recordar que siempre me prometo escribir sobre las series de HBO, nunca lo hago, y nunca lo haré, pero voy a repetir hasta el hartazgo que Los Soprano, Six Feet Under y The Wire forman una especie de trilogía mística en el mundo de las nuevas series de televisión, aunque al profe no le guste el realismo pasado de moda.
Esto viene a cuento de que, precisamente, uno de los grandes aciertos de esta nueva generación fue la
apuesta al guión en todos sus espacios, narrativo, dialógico, descriptivo y conceptual.
Para trazar una buena familia habría que ver bien lo que HBO vino haciendo, porque el comienzo no es simplemente la miniserie Band of brothers de Spielberg. Y si bien ese es otro tema, sacarse de encima ese punto de partida arbitrario pero aceptado ayuda para dejar de lado la afirmación de que son series “con calidad cinematográfica”, que es como mezclar una cosa con la otra sin decir nada (y además aceptando que lo cinematográfico es bueno, cosa que se puede desmentir fácilmente). Si nos ponemos a hacer comparaciones entre las series y el cine, es más interesante ver cómo funcionan los axiomas que en general se usan para definir el comienzo del siglo XXI. Si es verdad que nos encontramos en la era del fragmento, la velocidad, el aburrimiento fácil y la concentración débil, las series de HBO usan el fragmento para hacer en cada caso lo que se podría llamar un gran film clásico de 600 y pico de minutos. En tiempos en que una película no pochoclera de dos horas resulta tediosa, difícil de seguir y ver de corrido, paradójicamente resultó sumamente difícil no ver dos o tres capítulos seguidos de cualquiera de estas tres series de 50 minutos (por lo menos a mí, y noches he perdido en eso).
Recatate
La película de Nolan es un total y completo desastre entre otras cosas por sus incoherencias narrativas. Y no es que estemos en contra de las incoherencias y debamos defender la coherencia de la trama pero en este caso es distinto. La misma película basa su supuesta excelencia en la complejidad de la trama, pone su éxito en el artefacto, deposita en la posibilidad de sorpresa, en la construcción de ese mundo sumamente fantástico toda su energía.
Podría mencionar muchas cosas que la hacen una película más de la industria, desde la resolución rápida, la falta de motivación de la misión que deben cumplir los personajes, la sobreexplicación de algunas cosas y la ausencia absoluta de explicación sobre otras, la acción inmotivada, la sobreabundancia de mcguffins para generar movimiento, hasta el horripilante desarrollo de los diálogos. Pero todos sabemos a esta altura cómo funciona la industria y la intención no es caer es una crítica más de todo aquello que no sea cine de autor.
Lo que me molesta es esa pequeña incoherencia que hasta un drogado detecta, ese detalle, esa minucia que Nolan tapa con mucha acción, planos rápidos, bombas que explotan, aludes que caen y muchos tiros. Un momento pequeño que abre el abismo enorme de la decepción.
Y entonces uno se pregunta. Vieja, para qué me explicás durante cuarenta minutos todas las reglas de tu mundo de ficción si después vas a jugar fuera de esas reglas para que te cierre la trama
Spoiler (y el que no quiere, que no lea, pero aquí va)
Pero no, no me voy a gastar en explicar la máquina que Nolan pone a funcionar. Primero porque quienes vieron la película tuvieron que sufrir como yo esos 40 minutos de pura explicación, segundo porque para los que no la vieron alcanza con que la eviten y ya. En cualquier lado se encuentra la explicación del error, digamos básicamente que cuando Di Caprio está en la nieve cagandose a tiros, en esa suerte de stage 4 de las cajitas chinas, y en el stage 2 ocurre el primer impacto despertador,
Joseph Gordon-Levitt que está en el stage 3 sí debería haberse despertado al stage 2 y eso no sucede porque dejaría el plot en banda y sin resolución en el mismo corazón del quilombo. No es un goof más así como cualquier otro detallecito suelto que se escapa en cualquier película.
La novedad
Los efectos especiales, momento tan recurrente en cualquier crítica, la acción desmedida y la grandilocuencia no suman al guión sino que intentan tapar y emparchar faltas absolutas de tacto narrativo. Además, no cierra del todo pero mirá qué escena grandiosa que te filmé para que disfrutes con tus pochoclos. Lo de siempre, no me quejo. Caja chinas, caja dentro de caja, sueño dentro de sueño, el recurso es más viejo que la literatura y debe tener unos cinco mil años de vida. La falta de novedad no es alarmante, sobre todo porque la vanguardia hoy es tecnológica, pero precisamente sí lo es que eso se presente como una novedad y, además, utilizado patéticamente. En todo caso la pregunta que me queda es cómo mide un espectador actual la novedad, y si el medidor es el sencillo “Oh” capaz de lograrse con la exacerbación de la técnica y la carencia absoluta de memoria ficcional.
Otra vez pienso en las series de HBO. No sacan rédito de la “novedad”. También recurren a categorías sumamente clásicas y recursos masticados durante décadas de pasión por la ficción, pero poniéndolos a disposición de los personajes y en función de sus interacciones y relaciones.
Los Soprano es la familia que intenta sobrevivir a sí misma, la célula base del judeocristianismo puesta a prueba a fines del siglo XX, no son peor que los Ingals y por el resto son unos capitalistas más en un mundo capitalista (para que quede claro: aquellos que se aburrieron con Los Soprano es porque se trata de una novela familiar). Drama, dramón más bien, de six feet under, cuando nada peor puede pasar, pasa. Todo siempre es peor, más turbio, y lo mejor es su realismo clásico que se apoya en las apariciones fantasmales para, de manera inversa, fortalecer el verosímil de todas las tragedias. Una patada en los huevos para cualquier aburrido del realismo.
The Wire, bueno, uno podría decir mil cosas de esa serie, empezando porque tiene unos 35 personajes principales (de posta) y todos van bien, lo cual es fantástico. Pero hablando de géneros, no es más que un policial negro, bien negro y realista, con un exacerbado (pero a veces desaparecido) héroe trágico que ve un mundo en decadencia e intenta impartir justicia, se obsesiona, sufre la Áte, la ceguera del héroe, y transita su desgracia. En fin, Jimmy McNulty es como un Orestes moderno y suburbano.
Con las series de HBO la ficción de alto impacto volvió sobre la construcción de los personajes, imperativo con el que Lost jugó en los flashbacks claramente pero desestimando con mayor énfasis las vueltas de tuerca que sin embargo siguen funcionando en la trama. Se trata no de la sorpresa en la historia sino de cómo esos personajes construidos con mucha paciencia (primeros capítulos de todas las series de HBO) se desenvuelven cuando acontecen cambios en la linealidad aparente. De novedad nada, y sin embargo…
Conclusión
No tengo idea a dónde va todo esto salvo a que odio a Nolan porque es muy trucho. Qué triste que ese sea el Spielberg de nuestra época, me descorazona.
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3 comentarios:
eee! a mi me gusto Inception! hace bastante la tenia en stand by y al fin hoy la vi. Lo que creo que hay que reconocer es que no vamos a entender en 2hs absolutamente todo lo que "el arquitecto" pensó en 2 años y tampoco me parece necesario. Aún así, lo que decis de la patada no es un error, es muy simple: aclaran que para despertar tienen que dar una patada SINCRONIZADA que penetre los 3 niveles, por eso dicen que la primer patada la pierden. Si me pareció muy trucho el objetivo de la misión y lo que es una constante de películas yankis que es la sobreexplicación de las cosas. De todos modos me gustó la idea (no me pareció chata ni a palos) y, como siempre, Hanz Zimmer (L)
La vuelta de tuerca hubiese sido que el trompito se caiga al final. ;-)
Siempre llevandome la contra vos!
Che, y El discurso del rey te gustó? La verdad que habría preferido que ganara Inception antes que esa.
Lo del error ya no me acuerdo del todo cómo era. Pero mi pregunta era por qué Gordon-Levitt no se despierta con la pata del nivel anterior. Leo y los otros, claro, estaban en el otro nivel y tenía que ser en sincro, pero el que está en el hotel, con la patada del nivel anterior, no debería haberse despertado al nivel anterior?
ja! nono, El Discurso del Rey no la vi y sinceramente, no la vería; me matan las películas tan habladas que cuentan una historia chiquitita, por mas que concentren las mejores actuaciones. Y lo del error, la posta es como te digo: la 1er patada no sirve, la pierden..igualpasaron 4 dias desde que a vi y ya me estoy olvidando...
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